Cómo prevenir las caries en los niños

La caries es una enfermedad infecciosa. Explicamos cómo se forma, por qué es decisiva la frecuencia de los azúcares y cómo cuidar los dientes de leche desde la primera erupción.

Seguro que alguna vez ha buscado una guía sobre cómo evitar que su hijo tenga los dientes cariados. Sorprendentemente, en la consulta me encuentro a menudo con que las madres no disponen de la información necesaria sobre cómo prevenir la caries y, muy a menudo, ni siquiera saben cómo se forma.

Todo empieza y termina en una buena higiene dental. Porque solo los dientes limpios no se carían.

Cómo se forma la caries

Para empezar, debemos decir que la caries dental se incluye —al igual que, por ejemplo, la gripe o las anginas— entre las enfermedades infecciosas. En su aparición intervienen, por tanto, las bacterias y varios factores más que las ayudan. Se trata sobre todo de los azúcares. Es importante señalar que la clave para el desarrollo de la caries no es la cantidad de azúcares, sino, ante todo, la frecuencia de su consumo. Si la ingesta de azúcares es una vez al día, no supone tanto problema como cuando la ingesta de azúcares se repite a lo largo de todo el día.

A todo el mundo se le ocurren enseguida esos azúcares que hay en el chocolate, en los dulces en general o en los refrescos de cola. Pero también los hay en los medicamentos (jarabes contra la fiebre, el dolor, para las alergias, etc.).

Por qué son perjudiciales los azúcares

¿Por qué son, en realidad, tan perjudiciales los azúcares? Los azúcares son el combustible de las bacterias. Al procesarlos, las bacterias producen ácidos que dañan la superficie del diente. Con una acción prolongada, debilitan tanto el diente que acaba formándose la caries.

Entre los azúcares que impulsan a las bacterias se encuentra también la lactosa —el azúcar de la leche presente en la leche materna—, que puede ser perjudicial sobre todo por la noche. La leche materna contiene, por supuesto, multitud de sustancias beneficiosas, y este artículo no pretende en absoluto desaconsejar la lactancia nocturna. Sin embargo, para que su hijo evite los problemas con la caries, es necesario adoptar varias medidas.

Higiene desde el primer diente

En cuanto al niño le salga el primer diente, comience con la higiene dental. Al principio basta con una gasa húmeda, una toalla, una manopla o un pañuelo de tela. Con ellos, después de cada toma (unos 10 minutos después), limpie al niño cada diente por separado y elimine así la placa que contiene azúcares. Esto es importante sobre todo durante la lactancia nocturna, cuando la producción de saliva del niño se detiene y no se produce, por tanto, la limpieza natural de los dientes. También puede ser de ayuda el llamado dedil, un cepillo de silicona que se coloca en el dedo y con el que limpiar los dientes durante unos segundos será un juego de niños.

Muchas de ustedes, madres, objetarán que, una vez que el niño se ha dormido, no van a despertarlo con la limpieza. Por favor, intente imaginar a su hijo llorando por los dolores de muelas que acompañan a las caries avanzadas, dolores que muchas veces no pueden aliviarse, ya que el niño es demasiado pequeño para un tratamiento sin trauma. ¿Es ese un llanto más agradable que el de cuando el niño se despierta por casualidad mientras usted intenta prevenir estos problemas con la limpieza? Madres, tienen la salud de su hijo en sus manos.

Cuidado con el biberón

Si en lugar de la lactancia nocturna alimenta al niño con biberón, también es necesario estar alerta. No solo la leche de fórmula, sino también el té o el zumo azucarados tienen sobre los dientes el mismo efecto que el chocolate. Por eso es necesario pasar al té sin azúcar o al agua pura. En el caso de la leche de fórmula, de nuevo hay que limpiar los dientes del niño durante la noche.

Otros factores

Otros factores que favorecen la aparición de la caries en el niño pequeño son los hábitos alimentarios incorrectos y una higiene dental incorrecta en la familia. Si la madre (pero también el padre o los hermanos) no tiene una dentadura sana, sin caries ni inflamaciones en la boca, ella misma es una fuente de contagio para su hijo. Durante el contacto con el niño mediante besos o al compartir los cubiertos, las bacterias cariógenas se transmiten con facilidad. También influyen las enfermedades de la madre, las condiciones de estrés y los medicamentos durante el embarazo. Las predisposiciones genéticas, que muchas veces se toman como excusa al descubrir una caries en el niño, contribuyen, por el contrario, solo de forma mínima.